Introducción

LA PRESENCIA DE LA DIOSA INANNA/ISHTAR EN LA FRANJA SIRIO CANAANEA.
Cuaderno Judaico nº 22, Centro de Estudios Judaicos.
Ana María Tapia Adler
Facultad de Filosofía y Humanidades
Universidad de Chile, Santiago de Chile, 1998.

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El libro que aquí presento se preocupa de un importante tema de la religión del Medio Oriente Antiguo. Trata de una diosa, Inanna o Ishtar, - ciertamente la más relevante del panteón mesopotámico, que tiene sus equivalentes funcionales en las áreas levantinas, sirio-cananeas, conocidas principalmente como las diosas Ashera, Anat y Ashtart/Ashtar.

El libro puede ser leído desde distintos puntos de vista. Me voy a centrar aquí en tres aspectos que me parecen los más motivadores.

1.- Las diosas y la representación de lo femenino.

En el Prólogo, la autora promete "estudiar su comportamiento (el de la diosa Inanna/Ishtar) al interior de las culturas de la franja Sirio-Canaanea" (p. 11).

Cuando finalmente llega a las conclusiones en el capítulo V, dedica cuatro páginas sobre seis al desarrollo de su función como "representación del principio femenino por excelencia" (pp. 183-186). Y si a ellas agregamos el párrafo que dedica a los "problemas de sexo o androginia" de la diosa (p.182), podemos concluir que el interés central del texto se enmarca dentro de lo que solemos llamar los temas de género.

Comenzaré espigando algunos párrafos de las mencionadas Conclusiones (pp. 181-186):

"Del mismo modo como Inanna/Ishtar representa el principio femenino por excelencia, creativa, maternal, civilizadora, diosa de la fertilidad, el amor y la guerra, así también éstas serían las cualidades y funciones que están presentes en las diosas canaaneas....".
(p. 183. Salvo indicación contraria, todos los subrayados son míos).

"Estamos cierto (sic) de que ella representa la femineidad par excellence, y que por su intermedio se podría establecer el rol de la mujer en la cultura, como asimismo comprender los supuestos culturales de los pueblos antiguos que le rendían culto". (p. 186).

"Inanna/Ishtar representa los aspectos esenciales de la femineidad: esposa y madre, amada y amante, amiga y protectora, aspectos que se conjugan en Ashera, Anat y Ashtart".
(p. 184).

"Ellas representan las fuerzas de la muerte y la destrucción tanto como las de la vida y la fecundidad. Su quehacer tiene lugar en la frontera entre la vida y la muerte". (p. 184).

Vale la pena adentrarse en el carácter ambivalente de estas diosas, representaciones de "la femineidad par excellence", según las palabras de la autora. El capítulo segundo ofrece para ello un interesante material.

En p. 36 se reproduce el mensaje que el dios supremo envía a la diosa Virgen Anat:

"(Sal al paso de la guerra en la tierra),
pon las estepas en (concordia),
(derrama paz) en el seno de la tierra,
(reposo en las entrañas) del campo".

Comenta la autora:

"El hecho de que Anat aparezca como mensajera de paz es algo poco común, dada (sic) las características de esta diosa". (p. 40).

Las características a las que alude la autora, están en el texto reproducido en pp. 40 ss. Leemos allí que

"entonces Anat se peleó en el valle,
se batió entre las (dos) ciudades.
Aplastó al pueblo de la orilla del mar,
destruyó a la gente del sol naciente.
>
A sus pies como bolas (rodaban ) las cabezas,
por encima, como langostas (volaban) las manos,
como saltamontes en enjambre, las palmas de los guerreros.
Se ató cabezas al dorso,
se ciñó palmas a la cintura;
las rodillas hundió en la sangre de los guerreros,
los miembros, en el mondongo de los combatientes.
Con su fusta desalojó a los ancianos,
con el nervio de su arco, a la población
..................................................................
Se hinchó su hígado de risa,
se llenó su corazón de alegría,
el hígado de Anat, de (satisfacción de) triunfo
pues las rodillas hundía en la sangre de los guerreros,
los miembros, en el mondongo de los combatientes".

P. 55. El dios Baal, amante de Anat, ha muerto y entonces ella

"por vestido se cubrió con una túnica ritual.
La piel con (un cuchillo de) piedra desgarró,
las dos trenzas, (con una navaja)(de afeitar).
Se laceró las mejillas y el mentón,
(Roturó) la caña de su brazo,
aró como un huerto su pecho,
como un valle roturó su dorso".

En la p. 49 la autora ensaya una descripción de la personalidad de la diosa Anat. Entre otros rasgos, señala que la diosa al presentarse ante el dios El, lo hace:

"muy astutamente,.... lo hace sollozando, gimiendo y llorando. Esta actitud es la que le sirve para introducirse a la presencia del dios, pero una vez ante él su actitud cambia de inmediato para volverse amenazadora. Tenemos una diosa cambiante, oportunista, que sabe actuar, desplegando una gran destreza histriónica".

Ya antes, en la p. 19, encontramos una cita de S.N. Kramer, el patriarca de los estudios sumerios, quien afirma que:

"en las aventuras de esta diosa la ambición ocupa tanto sitio como el amor..."

Vale la pena citar estos textos para que el futuro lector del libro pueda sospechar desde ya la fuerza y el alcance de lo dicho por la autora acerca de estas diosas como "representación de lo femenino par excellence" y de cómo ejercen sus funciones "en la frontera entre la vida y la muerte".

Una comparación entre las diosas de la franja sirio-cananea y la mesopotámica Ishtar debería concluir estableciendo un aire de familia entre ellas. Ciertamente se parecen en que son diosas en parte andróginas, en que reúnen en sí la sensualidad del placer del sexo con la del placer de la guerra, en que son multifuncionales ya que se desempeñan como hijas, madres, esposas y amantes de sus "partners" masculinos. Quizás se pueda defender que la diosa mesopotámica es más elegante que sus parientas cananeas. Si, probablemente, es tan ardiente como ellas en sus amores, es menos desenfrenada en su crueldad y se mezcla menos en orgías de sangre.

 

Es sabido que a los romanos les llamó la atención el desborde orgiástico de los cultos sirios: Aparentemente, no les faltó razón para ello.

En este contexto queda pendiente la interpretación del estable calificativo "Virgen" aplicado a estas diosas: ¿Cómo funciona, qué valor tiene su virginidad en contextos como los descritos?

Las figuras femeninas secundarias son de utilidad para completar "la representación de lo femenino" en la franja sirio-cananea.

Aquí voy a citar solamente a Pugat, la hermana del héroe Aqhat y vengadora de su muerte. Leamos el resumen que ofrece la autora de sus preparativos para la venganza:

"Habiendo ofrecido su padre un sacrificio a los dioses, Pugat pide ahora la bendición de los mismos antes de partir a vengar la muerte de su hermano.
Pugat se sumerge en el mar para lavarse, se tiñó de rojo con caracoles de mar y después
vistió ropas de Prócer, con daga y espada, y, sobre ese atuendo, se vistió de mujer". (p. 79).

Es inevitable sentir tras esta descripción "el motivo Juana de Arco", la virgen-mujer-soldado que asume vestimentas y funciones masculinas aunque conserva su atractiva femineidad, según se colige de la continuación del relato. O el de Judith, la bella seductora que con su mano da muerte al amenazante tirano de turno.

2.- Yahweh, el dios de Israel, y Ashera, la diosa de Canaán

Un aspecto de este libro que resultará llamativo e incluso desconcertante para muchos es el rol de las diosas cananeas en la religión de Israel.

Escojamos algunos párrafos de entre aquellos en que la autora trata de "Israel y la Biblia" (pp.142-166):

"... podemos inferir que de las tres divinidades femeninas cananeas importantes sólo Ashera pareció haber ocupado un lugar preponderante y la forma como se la describe en el texto bíblico la señalan, no sólo como importante sino como tolerada incluso, por círculos oficiales dentro del pueblo de Israel".(p. 165).

"... la asociación de Ashera con el Templo de Jerusalem y otros lugares altos en Judá denota una aceptación de la diosa y de su(s) símbolo(s) cultual(es) en la vida religiosa del pueblo. Su presencia indicaría un cierto sincretismo en el culto y una influencia pagana de la que difícilmente pudo librarse el culto yahvista".(p. 165).

"Pettey señala que el hecho de que los habitantes de Judá e Israel la honrara (sic) y le ofrecieran culto señala que la diosa habría sido aceptada en el culto popular y que pudo, incluso, haber sido considerada como la consorte de Yahveh".(p. 166).

Inmediatamente casi, ella comenta:

"Nos parece que la posición de Pettey... va más allá de lo que el texto bíblico parece sugerir ya que constantemente estamos en presencia del deseo de adorar sólo al único Dios, aquel que se manifestó en el Sinaí y con quien pactaron una Alianza".(p. 166).

A pesar de todo, concluye ella:

"No hay duda que el monoteísmo hebreo debió abrirse paso dificultosamente en su entorno y fue resultado de un largo proceso en el que las influencias ajenas no estuvieron ausentes".(p. 166).

Me voy a permitir un comentario.
Me parece indiscutible que el surgimiento del monoteísmo no fue como el de Atenea de la cabeza de Zeus: No salió todo hecho desde un principio.

Lo encontramos al final de "un largo proceso" dificultosamente recorrido. Y el texto bíblico indica con claridad cuales fueron algunas de las dificultades halladas: la inclinación natural y explicable del pueblo israelita hacia los cultos naturalistas (idolátricos), el aprovechamiento de estas tendencias por parte de sus gobernantes, preocupados de aglutinar las etnias diferentes que estaban bajo su dominio y consolidar así sus reinos, la complicidad del sacerdocio en estas aventuras socio-político-religiosas.
Vistas así las cosas, se explican las polémicas proféticas, las protestas deuteronomistas, en fin, la función pedagógica de los escritos bíblicos. Estos aparecen en gran parte como fruto y patrimonio de una minoría fiel al Dios único de la Alianza. Esa minoría se constituyó en conciencia crítica del pueblo, del sacerdocio y de las capas gobernantes y aristocráticas, inclinadas estas últimas, como ocurre frecuentemente, hacia la "Realpolitik".
Fue aquella minoría fiel la que dejó su testimonio en la Biblia; en esa minoría encontró asilo por mucho tiempo "el deseo de adorar sólo al único Dios, aquel que se manifestó en el Sinaí y con quien pactaron una Alianza".

El triunfo del monoteísmo resulta no menor sino mayor cuando se proyecta contra el trasfondo de un contexto cultural conducente por su propio peso hacia el politeísmo y la idolatría. Algo semejante sugería George Sarton cuando en su Historia de la Ciencia alababa el triunfo de la razón en Grecia, para nada disminuido sino, por el contrario, exaltado al haberse obtenido sobre el trasfondo cultural supersticioso e irracional del pueblo griego.

Consideraciones de este tipo pueden ser de utilidad para juzgar con tranquilidad los avatares del monoteísmo judeocristiano.

Y por aquí se abre el camino para la reflexión pausada sobre las figuras femeninas prestigiadas en este conjunto religioso.

Hace un momento aludí al tema "Juana de Arco" y de Judith. Se podría seguir con otras heroínas del Antiguo y del Nuevo Testamento: Débora, profetisa y guerrera; Eva, la madre de los vivientes, etc. Habría que considerar el motivo "María Magdalena", la discípula de Jesús, que (bastante tardíamente) acumuló sobre sí tanto el estigma de la prostitución y del adulterio como el aura del idilio y de la familiaridad con el Resucitado. Ni se puede excluir, por supuesto, en esta revisión, el prestigio de la virginidad de María, la madre de Jesús, etc.

3.- Inanna/Ishtar, las diosas cananeas y el planeta Venus.

"Inanna/Ishtar fue identificada desde antiguo con el planeta Venus, y en dicho carácter, era considerada femenina en tanto estrella vespertina y masculina en cuanto estrella matutina". (p. 17).


La índole venusiana de la diosa es sugerente. Ciertamente el planeta Venus cumple alguna función en el texto bíblico.
Construyamos una asociación: Nos dice la autora que Venus es masculino en cuanto astro matutino: ¿Qué pasa si, con esta afirmación en la mente, leemos Apoc. 22 : 16?:

"Yo, Jesús, he enviado a mi Ángel para daros testimonio de lo referente a las Iglesias. Yo soy el Retoño y el descendiente de David, el Lucero radiante del alba".
(Traducción de la Biblia de Jerusalén).

¿Tendrá algo que ver Venus con el oráculo de Balaam?
"Lo veo, aunque no para ahora,
lo diviso, pero no de cerca:
De Jacob avanza una estrella,
un cetro surge de Israel". (Núm. 24 : 17).


¿Y la estrella de Belén que anuncia, también ella, el nacimiento del Rey de los judíos?
Y no se puede dejar de mencionar la importancia de Venus en otras culturas tales como las precolombinas: sería interesante comparar las funciones de la Venus mesopotámico-cananea con las que cumple, por ejemplo, en la cultura maya.
Nótese bien: no estoy tratando de proponer un difusionismo que hubiere traído el prestigio de Venus desde Mesopotamia a América. Esto me parece tan sin sentido como suponer orígenes mesoorientales para las torres escalonadas de México. Se trata de una comparación de funciones, lo cual sí es un aporte para la interpretación de los simbolismos.

Vamos ahora a la materialidad del libro.

Esta obra, tanto por su contenido como por su estilo y su veste editorial requerirá una lectura lenta.

Está distribuida en cinco capítulos:
En el primero (pp. 13-20), la autora presenta el tema de su trabajo. El segundo es el más extenso y funciona como la espina dorsal que sostiene el texto (pp.21-132). El tercero (pp. 133-166) es una extensión de la mirada a otras culturas fuera de Canaán. El cuarto (pp. 167-179) trata el tema de las relaciones de la diosa babilonia con las cananeas y el quinto sintetiza brevemente las conclusiones de trabajo (pp. 181-186).

Estos cinco capítulos están precedidos de un Prólogo (p. 11) y seguidos de Anexos que contienen Cuadros Genealógicos de las diosas estudiadas (pp. 189-197) y 65 dibujos de su iconografía acompañados por un índice descriptivo (pp. 199-263). Cierra el Volumen una maciza Bibliografía que abarca 272 títulos de libros y 189 de artículos (pp.265-296).

Pertenece al género de las recensiones y comentarios de libros la caza de errores tipográficos, ortográficos y otros, tarea que ocasionalmente se ejerce con una cierta maligna complacencia.

El trabajo que comento ofrece varias debilidades en este aspecto y se podría recoger una larga lista de gazapos: "Exhaltación" (p. 19), "exhaltado" (p. 66), "cicíndrico" (fig. 46), etc. Hay incoherencias sintácticas (sujetos en singular con verbos en plural y viceversa) y de traducciones ("dama del oath" en p. 134). Se encuentran usos léxicos llamativos: "Evidenciar" (passim), "fragmentalidad" (p. 80), "fecundizar" (p.86), "literaturalizar" (p. 88), "sirio-canaanea", en el título de la cubierta (en vez del más frecuente "siro-canaanea", usado normalmente en el texto), etc.

Esta lista, que se podría alargar sin dificultad, no alcanza a comprometer el trabajo de la autora. El taller impresor merece un reconocimiento por haber logrado sortear suficientemente dificultades editoriales no usuales entre nosotros.

Una próxima edición debería recoger las indicaciones hechas para mejorar la veste tipográfica.
Más importante me parece una observación de otra índole y que apunta más bien a los criterios de trabajo.

A mi juicio se produce una llamativa disonancia en el modo de trabajar el material histórico-textual bíblico. Este está tratado con criterios tradicionales, según nos advierte expresamente la autora en p. 27:

"Nos pronunciamos sobre la tradición israelita según aparece narrada en el texto bíblico. No es nuestra intención realizar un análisis histórico de la misma". (nota 30).

La nota está en el apartado dedicado a "El contexto histórico geográfico". En sintonía con lo que en ella expresa, pone en obra los mismos criterios cuando trata a "Israel y la Biblia" (pp. 142-166).

Esto conduce a un tratamiento muy simplificado, por ejemplo, de la historia del monoteísmo a partir de Abraham, de la vida de los patriarcas, de la conquista de Canaán por Israel. Aquí está en juego una alternativa de opciones para enfrentar el material empírico: opción "teológica tradicional" (si es lícita la expresión) y opción histórico-crítica. Si ambos funcionan al mismo tiempo, será difícil evitar el "ruido" comunicacional.

Probablemente en esta disparidad de criterios radica explicación de las vacilaciones que se sienten en el texto a la hora de tratar la presencia de Ashera en el culto israelita.

Conclusión

He tenido la suerte de revisar un trabajo muy motivador por los temas que trata, particularmente en lo que toca a los aspectos de género, de historia de las religiones y de simetrías culturales. Es un trabajo realizado con solidez y que, para salvaguarda de su prestancia interna, necesita de unos cuantos retoques formales.

Los comentarios y las eventuales dudas que me ha suscitado su lectura son testimonio de una lectura atenta y dialogante con la autora.

Nuestro medio necesita de obras como ésta, pues no es mucha la atención que entre nosotros reciben las disciplinas que tratan temas del Medio Oriente Antiguo. El interés de estos trabajos no radica tanto en el logro de un mejor conocimiento y comprensión de "aquellas" culturas de "aquel" entonces. Como resulta de la lectura de este texto, a partir de "aquellos" podemos conocernos más de nosotros mismos e interrogarnos mejor sobre nosotros mismos. El estudio de la Historia Universal no es para estudiar Historia Universal; es para saber más de nosotros, de nuestra historia.

Por ello hay que destacar los agradecimientos que la autora expresa a FONDECYT y, muy especialmente a la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, Facultad que siempre ha apoyado tareas de esta índole.

Jaime Moreno Garrido
Profesor Asociado del Centro de Estudios Judaicos.
Facultad de Filosofía y Humanidades.

Universidad de Chile.